CONECTA ARIZONA
Hermosillo, Sonora.- Corazones dulces es un grupo conformado por madres y padres con uno o más hijos con diabetes tipo 1.
La diabetes tipo 1 es una condición autoinmune que llega a un punto en el que el sistema inmunológico destruye las células que producen la insulina, según la explicación de Claudia Espinoza, quien es mamá de un niño de cuatro años y “debutó” (término que usan para el inicio o diagnóstico de esta condición) cuando tenía dos años y medio.
Al no producir insulina, los menores por quienes se conformó este grupo tienen que depender totalmente de ella. En el caso de esta familia, el encuentro con la diabetes tipo 1 dio un giro total en cuanto a alimentación, cuidados y actividades básicas.
La identificaron porque el niño de Claudia comenzó a ir muchas veces al baño, su carácter se tornó muy irritable, bajó de peso y comenzó a comer mucho; algunos de estos síntomas pueden confundirse con deshidratación, por eso no siempre es fácil percatarse de lo que ocurre en el cuerpo de un menor. Lo malo es que, al ir al médico e ir descartando lo que puede tener, se va perdiendo tiempo, dijo la entrevistada.
Claudia, como ocurre con muchas familias, enfrentó el diagnóstico de su hijo de manera aislada, preocupada y sin saber que hacer. Su mamá vio en Facebook el grupo que abrió Lupita Navarro, quien es identificada como la líder de este movimiento y es así como han hecho equipo para apoyarse en beneficio de sus hijos.
Así es como han aprendido a sobrellevar la enfermedad, a tener seguridad al saber que hay más familias que se enfrentan a esta condición.

Sus hijos son totalmente insulinodependientes, llevan tratamientos con nutriólogos, endocrinólogos y psicólogos.
Su niño, dice, “ni siquiera recuerda su vida sin diabetes”, se ha adaptado a la alimentación, tratamientos, citas médicas, a los miles de piquetes que recibe en el día a día, a un sensor y al estilo de vida de una familia que lo cuida.
Diabetes tipo 1 y tipo 2
Lo básico que, como sociedad, debemos conocer es que la diabetes tipo uno se presenta en personas insulinodependientes y a las personas con diabetes tipo 2 el páncreas les funciona mejor con medicamento oral, principalmente con pastillas y buena alimentación.
Un debut en pandemia

Vania Sánchez es mamá de una adolescente de trece años con diabetes tipo 1, ellas también forman parte de Corazones Dulces. Su hija debutó a los 7 años. ¿Cómo debutó? “Sin previo aviso, no nos dimos cuenta de un síntoma en específico. Simplemente un día se empezó a sentir muy acalorada, lo atribuimos a un golpe de calor, pero no cesaba su fatiga. Acudieron a un hospital y ahí comenzaron los diagnósticos y el tratamiento de por vida. Los cambios para la familia.
El diagnóstico de la adolescente comenzó en la época de la pandemia de Covid-19; a diferencia de un niño de 4 años, que debutó poco después de los dos, para esta niña fue traumático, dice su madre. Estaban en confinamiento, tuvieron que asimilar la noticia, buscar atención médica y psicológica y enfrentar un duelo ante una condición que ha marcado un parteaguas en sus vidas.
Los principales especialistas que se consultan cuando un niño o adolescente tiene diabetes tipo 1, explicaron las mamás entrevistadas, son endocrinólogo, nefrólogo, cardiólogo, nutriólogo y psicólogo. Ese es su cuadro básico, aunque todo dependerá de cómo comenzaron a debutar y evolucionar, de cómo son sus síntomas y de la manera en que sus organismos van respondiendo.
Manejo económico de la diabetes tipo 1
La inversión en el manejo de esta condición “es catastrófico, como bien está definido por la Organización Mundial de la Salud”, comentó una de las madres, ya que supera por mucho el sueldo base de una familia mexicana.
Las entrevistadas coinciden en que asumir los costos de la diabetes tipo 1 puede poner a las familias a decidir si se compra comida o insulina, o reactivos para medir la glucosa de los pacientitos.
Hay casos de niños, detallaron, que han llegado al hospital porque en sus casas podían aplicarles la insulina, pero no había manera de verificar el nivel de azúcar en la sangre, por falta del aparato respectivo o de los reactivos para hacerlo.
Situaciones de este tipo son los que han dado la pauta al movimiento Corazones Dulces. Los papás quisieran tener “una varita mágica”, porque no nada más el amor a sus hijos puede remediar lo que enfrentan y cómo lo hacen para mantenerlos estables.
Para el tratamiento de la diabetes tipo 1 se requieren insumos porque es el derecho que tienen los infantes, desde un médico general o familiar que cubra todas las citas en tiempo y forma, así como también se puedan resolver las necesidades que se van presentando, ya que hay familias que no son derechohabientes de una institución de seguridad, pero quienes sí lo son, muchas veces no tienen la atención integral que necesitan.

En busca de una ley
Con las inquietudes que han compartido y recabado las familias que conforman Corazones Dulces, ha nacido el propósito de que haya una ley, al menos en Sonora, para que se ejecute y todos los niños tengan los medicamentos, insumos y servicios necesarios para el transcurso de sus vidas.
Con esta ley también habría una conciencia social, inclusión y que dé paso a que los niños con esta condición no sean estigmatizados, pero sí monitoreados por sus padres y su entorno.
Como el movimiento es de reciente creación, surgió a principios de 2026, no son más de doce familias las que lo integran; las madres y padres que se han sumado a este movimiento han tocado puertas en medios de comunicación en la Secretaría de Salud, en el Congreso del Estado, en la Secretaría de Educación y Cultura, en todo lo que sume para entender y educar sobre la diabetes tipo 1 y para que se conformen mesas de trabajo hasta lograr que haya una legislación.
También tienen necesidades que den soporte al tema económico como jeringas y agujas, distintos tipos de insulina y algunos apoyos para que los niños, niñas y adolescentes puedan hacer ejercicio porque la alimentación, el medicamento y la actividad física mejoran la calidad de vida.
El movimiento Corazones Dulces tiene redes sociales y una cuenta bancaria oficial para recibir apoyos, también tiene un embajador en Phoenix, Arizona, es un locutor de radio conocido como Franco, con quien se les puede hacer llegar insumos económicos y materiales.
Uno de los propósitos de este grupo de madres y padres es que los niños tengan una vida feliz, haciendo conciencia respecto a que la diabetes tipo 1 no mata, pero sí un mal manejo de esta condición.
Vania compartió que ha vivido en Arizona, en donde su hija ha tenido una excelente atención prácticamente desde que llegó. “Yo tuve que irme de mochilazo y mi hija tuvo atención de primer nivel. Yo no tenía seguro ni siquiera estaba trabajando porque iba llegando y le dieron todo”.
Esa es la inquietud que ha expuesto a las autoridades: que en un país en el que era inmigrante su hija tuvo la mejor atención y en México hubo ocasiones en que sólo le daban una insulina.
Las madres de familia compartieron que el gasto mensual aproximado que hacen entre consultas con especialistas, medicamentos y otros complementos es de, alrededor de 15 mil pesos mensuales por cada niño. “No hay dinero que alcance”, coinciden.

Lupita Navarro, la fundadora de Corazones Dulces compartió con Conecta Arizona que la diabetes tipo 1 ha estado totalmente invisibilizada. Ella tiene dos hijas con esta condición; le ha tocado que en los hospitales el personal ha sido insensible hasta para la aplicación de las dosis de insulina; también le ha tocado conversar con diputados, dijo, que han quedado impactados porque no sabían de la enfermedad en niños, ni qué decir de sus allegados cuestionándola si “pica todos los días” a sus hijas.
Esta situación afecta, de inicio, el entorno inmediato de las familias, abundó, porque es un diagnóstico difícil de procesar, existe la negación y el aislamiento para evitar preguntas y juicios, para cuidar la privacidad. Su primera hija debutó hace cuatro años, se dio cuenta porque comenzaba a orinarse, le cambiaba el humor, tenía moretones y comía demasiado. Un doctor general le preguntó si le había hecho pruebas y así se dieron cuenta.
La otra niña debutó sin que se diera cuenta de que podía repetir, se puso muy grave y estuvo internada en el Hospital Infantil del Estado. Su recomendación es que los padres estén atentos a cualquier síntoma de sus niños, desde los impulsos para comer, el carácter y la repetición de los eventos para orinar.
También hay que trabajar en los espacios sociales. Los padres con hijos pequeños con diabetes tipo 1 dejan de asistir a las fiestas infantiles por el tema de la alimentación, de los dulces y por pensar que ya no encajan en esas actividades por trabajar la cuestión preventiva.
“Yo me aparté de todo mundo”, expresó Lupita, “si te hallan inyectando a la niña preguntan y a la niña que le da vergüenza, y que está chiquita, y es que no hay información, cuando mi primera hija debutó yo no sabía absolutamente nada”.
Agregó que esto es un mundo totalmente nuevo, un duelo muy fuerte, personal y que ahora trabajan como movimiento, pero siempre buscando empatía que han ido ganando con los diputados, con los médicos, con la parte institucional.
En el tema de las escuelas, se espera que, con una ley y el apoyo de la Secretaría de Educación y Cultura, haya más empatía y en las cooperativas haya un espacio para la conservación de las insulinas que se aplican a los niños, que los maestros tengan conocimiento de la enfermedad y se generen los espacios y la conciencia para que los alumnos puedan llevar una vida bien manejada en estos espacios.
