Audias Flores, el presunto sucesor del Mencho como líder del CJNG, dirigía una red de narcotráfico y extorsión a transportistas en varios puntos de México
EL PAÍS
Los detalles de la investigación que estrechó el cerco a Audias Flores, alias El Jardinero, revelan una planeación y seguimiento con inteligencia durante meses para capturar al hombre que más sonaba para suceder a Nemesio Oseguera Cervantes como líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, ha detallado que el detenido no solo encabezaba la operación de narcotráfico del grupo más poderoso del país, sino que también dirigía una red de extorsión nacional, especialmente a transportistas de cargas en las principales carreteras de México.
“Esta acción se realizó en el marco del entendimiento vigente con el Gobierno de los Estados Unidos y sus distintas agencias. Es decir, siempre bienvenido el intercambio de información suscrito con estricto apego al respeto de nuestra soberanía y jurisdicción territorial”, ha destacado García Harfuch. El operativo fue rápido, limpio y sin bajas, una acción quirúrgica que permitió detener con vida a Flores mientras intentaba esconderse en una tubería de agua de la carretera.
El Gabinete de Seguridad estuvo planeando el golpe desde octubre de 2024. El hombre en la mira, del círculo de máxima confianza del Mecho, tenía encima una orden de detención provisional de Estados Unidos con fines de extradición por delitos de asociación delictuosa, contra la salud y portación de armas, mientras que en México se le buscaba por homicidio y “otras investigaciones que están en curso” de la Fiscalía General de la República (FGR).
La misión era detenerle antes de que El Jardinero pudiera fortalecer su posición dentro del cartel y consolidarse como su jefe, ya que los informes de inteligencia señalaban, que después de la muerte de Oseguera, Flores inició una movilización de personal, armamento y recursos para hacerse con el poder absoluto.
Las autoridades mexicanas comenzaron a acechar a uno de los objetivos más importantes para la DEA, con un seguimiento “sistemático, discreto y sostenido, basado en inteligencia de campo, gabinete y cooperación internacional” para acorralarle en El Mirador, en el interior de Nayarit, muy cerca de la frontera con Jalisco, por donde transcurre uno de los principales corredores de droga del CJNG y donde El Jardinero tenía su propia área de control de operaciones.
No fue hasta tres meses después que los investigadores consiguieron los primeros hallazgos relevantes en El Trapiche, Nayarit —a menos de 60 kilómetros del Mirador— que confirmaron un patrón de movimiento y sus vínculos operativos.
Desde ahí, el Gabinete de Seguridad comenzó a analizar sus blancos de acceso, estudiaron rutas, puntos de entrada y salida, mapearon la geografía del lugar y practicaron tácticas del terreno.
“Esto permitió anticipar posibles escenarios de evasión y reacción del objetivo (…), también entender no solo dónde estaba, sino cómo se movía, con quién interactuaba y bajo qué esquemas de seguridad operaba”, ha relatado Raymundo Pedro Morales, secretario de Marina.
No es hasta el pasado sábado, 19 meses después, que personal de inteligencia naval puede confirmar la identidad y la ubicación del Jardinero, quien viajaba en una suburban desde Santa María del Oro, Nayarit, a 90 kilómetros de donde finalmente fue detenido. Esa era la luz verde para iniciar la fase final. Se inició un seguimiento de 48 horas por vía aérea hasta tener claro el momento de iniciar la captura.
Los marinos comenzaron a seguir el vehículo, que al verse rodeado intentó buscar una huida en la ruta. “Las condiciones del terreno no se prestaban para su ocultamiento, en virtud de que se trata de un terreno accidentado y de difícil acceso, también debido a su condición física”, ha destacado Morales.
En la desesperación, Flores bajó del coche e intentó esconderse en una tubería de la carretera, pero fue encapsulado por los agentes hasta que el personal naval descendió de los helicópteros para arrestarle.
Fue trasladado en avión en menos de 30 minutos hasta la Ciudad de México, a la Fiscalía Especializada en Delincuencia Organizada. La operación duró un total de dos horas. Ni un solo disparo, ni una gota de sangre derramada.
