Sinaloa y Sonora los gigantes del camarón en México, pero ¿qué riesgo global hay ante un huracán?

Sonora

México ocupa el séptimo lugar mundial en producción de camarón, sin embargo ante la presencia de huracanes se presenta un fenómeno en Sinaloa y Sonora que puede tener efectos en la flota y la extracción.

DEBATE

En el corazón del Pacífico mexicano, los estados de Sinaloa y Sonora se erigen como los gigantes mexicanos de la producción de camarón mundial, situándose en el 7mo puesto con 258 mil 577 toneladas en 2024, y el 87% de la producción nacional, según datos de la Revista del Consumidor del mes de julio de 2026. Sin embargo, esta hegemonía se enfrenta anualmente a un enemigo invisible y poderoso: la temporada de huracanes.

Cuando los vientos comienzan a arreciar, se activa un mecanismo biológico y operativo que transforma radicalmente el panorama de uno de los sectores más lucrativos de México, llevando a las especies del fondo marino a un estado de alerta y a los pescadores a una encrucijada financiera.

El instinto de supervivencia: ¿A dónde huye el camarón?

Para el observador común, un huracán es un evento atmosférico, pero bajo la superficie del mar es una sacudida que altera el orden natural. Según expertos y líderes pesqueros, el camarón posee una “defensa” instintiva ante el mal tiempo. Al sentir las primeras marejadas y el cambio en las corrientes, el crustáceo busca refugio en el fondo del mar, enterrándose o desplazándose hacia zonas más profundas mientras se estabiliza el entorno.Sinaloa y Sonora se erigen como los gigantes mexicanos de la producción de camarón mundial, situándose en el 7mo puesto global en 2024, y el 87% de la producción nacional.

Este comportamiento, conocido entre los pescadores como el momento en que el camarón “se pierde”, “se entierra” o “se aboya”, es una respuesta directa al levantamiento de sedimentos que los huracanes provocan en el lecho marino. La turbidez y el movimiento desorientan a las especies, que dependen de la estabilidad de las aguas para alimentarse y desplazarse. Curiosamente, la temporada de estos fenómenos meteorológicos coincide con el periodo de mayor migración del camarón, lo que complica aún más las labores de captura al interrumpir sus rutas habituales.

El impacto en la flota: De la abundancia a la incertidumbre

La historia reciente de la industria está marcada por nombres como Odile y Polo, fenómenos que dejaron una huella profunda en el litoral del Pacífico. Tras el paso de estas tormentas, la Unión de Armadores del Litoral del Pacífico Mexicano reportó que los sitios de captura se redujeron drásticamente, limitándose en gran medida a Sonora y áreas cercanas a Altata y Topolobampo. En contraste, en regiones de Sinaloa, Nayarit y Baja California, el camarón simplemente desapareció de los radares habituales.

El impacto económico es devastador. Se han documentado semanas de trabajo en las que la flota apenas logra capturar dos toneladas de camarón, una cifra alarmante comparada con las más de 12 mil toneladas que se alcanzaron en temporadas históricamente estables como la de 2013. Esta escasez obliga a los barcos a realizar maniobras desesperadas, buscando aguas profundas o moviéndose erráticamente por la orilla, lo que dispara el consumo de combustible en un sector ya endeudado por créditos de diésel y provisiones.

PublicidadPor ejemplo, tras el paso de las tormentas Odile y Polo, la Unión de Armadores del Litoral del Pacífico Mexicano reportó que los sitios de captura se redujeron drásticamente./ Foto: Archivo Debate.

Cambios químicos y ambientales: El caos bajo la superficie

No solo el movimiento físico del agua afecta al camarón; las lluvias torrenciales inician una reacción en cadena química en los ecosistemas costeros y granjas acuícolas. La precipitación masiva altera parámetros críticos como la salinidad, el pH, la temperatura y el oxígeno disuelto. Una caída de apenas 1°C en la temperatura del agua puede reducir el consumo de alimento del camarón entre un 5% y un 10%, llegando a un 30% si la baja es de 3°C.

Además, el ruido provocado por el impacto de la lluvia sobre la superficie genera un estrés acústico que obliga a los camarones a evitar las capas superiores, provocando hacinamientos peligrosos en el fondo de los estanques o esteros. Este estrés, sumado a la proliferación de bacterias patógenas que suelen reemplazar a las beneficiosas tras las tormentas, vuelve al crustáceo susceptible a enfermedades, mudas a destiempo e incluso al canibalismo.

PublicidadEl impacto de la lluvia sobre la superficie genera un estrés acústico que obliga a los camarones a evitar las capas superiores./ Foto: Jorge Osuna/ Debate.

El riesgo humano: Lecciones de tragedias pasadas

La desesperación por asegurar la producción antes de que el camarón se esconda ha llevado históricamente a decisiones arriesgadas. Algunos pescadores eligen salir al mar justo antes de la llegada de un ciclón, intentando aprovechar lo que consideran una “captura abundante” previa al refugio de la especie. Sin embargo, la memoria de Sinaloa y Baja California Sur guarda el trágico recuerdo del huracán Paul en 1982, que cobró la vida de 1,625 personas, muchas de ellas pescadores que no regresaron a tiempo.

Hoy en día, aunque la Capitanía de Puerto emite alertas estrictas, el temor a la migración de las especies sigue tentando a algunos a desafiar las marejadas. La realidad es que, en alta mar, un huracán resulta invencible para las embarcaciones camaroneras, y el naufragio es una amenaza constante que solo la prudencia puede mitigar.

El fenómeno de El Niño en 2026 y sus afectaciones

El fenómeno climático de El Niño estará haciéndose presente en México con una intensidad inusual durante el segundo semestre de 2026. De acuerdo con los reportes de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos y el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, existe más del 95% de probabilidad de que este evento de calentamiento marino alcance una categoría fuerte o muy fuerte en los últimos meses del año.

Al respecto, el doctor Jorge Zavala Hidalgo, investigador en Oceanografía Física de la UNAM, advirtió que este calentamiento anómalo de las capas superficiales en el Océano Pacífico ecuatorial alterará de forma drástica el régimen de lluvias en el territorio nacional, extendiendo sus consecuencias directas hasta la primavera de 2027.

Pero eso no es todo, porque una de las mayores preocupaciones para la costa del Pacífico mexicano es el incremento de la energía térmica en el océano. El exceso de calor almacenado en la zona ecuatorial se propagará hacia el norte a lo largo de todo el litoral nacional. Este aumento en la temperatura del agua podría ser una condición clave para que las tormentas y ciclones tropicales ganen fuerza de manera súbita en cuestión de horas.

Ante este panorama, se incrementa la probabilidad de que los huracanes alcancen rápidamente las categorías más destructivas (3, 4 y 5 en la escala Saffir-Simpson). Es así que ante la presencia de huracanes de esas categorías el camarón tendería a “enterrarse” u “ocultarse”, lo que podría repercutir en la producción, y consecutivamente, elevar su precio ante la baja de producto.

Innovación y futuro: ¿Es la tecnología la solución?

Ante la vulnerabilidad de la pesca tradicional frente al clima, han surgido alternativas tecnológicas inspiradas en desastres internacionales como el huracán Katrina en Estados Unidos. El desarrollo de Sistemas de Acuacultura de Recirculación (RAS) en tierra busca crear entornos controlados donde el camarón esté a salvo de las tormentas y cambios drásticos de pH. Estas instalaciones permiten predecir con exactitud el crecimiento y la cosecha, eliminando la incertidumbre de la “pérdida” del producto en el mar.

Mientras tanto, en México, los productores de Sinaloa y Sonora continúan refinando sus prácticas preventivas, que incluyen desde el drenaje de aguas superficiales y la aireación mecánica constante hasta la aplicación de carbonato de calcio para estabilizar el pH tras las lluvias. La esperanza del sector reside en que, una vez que pasen los “tiempos” y las mareas se acomoden, el camarón que se enterró vuelva a salir, permitiendo que la producción repunte y alivie las deudas de miles de familias que dependen del llamado “oro rosado”.

ENLACE: ¿Qué pasa con el camarón cuando hay huracán y sus efectos en la economía?

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